Por Santiago González Recio, presidente de la Comisión de Relaciones con la Administración de Justicia del Consejo General de la Abogacía Española.

El mundo de la abogacía comienza el curso agitado por los coletazos que nos ha dejado un agosto en el que unos pocos pretendían recuperar lo que no se hizo en las muchas semanas de la fase más aguda de la pandemia. Dejar LexNet abierto durante tres semanas del único mes vacacional para demostrar a los ciudadanos que la Justicia recuperaba el terreno perdido nos pareció a la Abogacía desde un comienzo una de las peores ideas nacidas del Ministerio de Justicia desde que comenzó la forzada convivencia con el Covid-19.

Lo dijimos desde el primer día por activa y por pasiva, por escrito y verbalmente, en la prensa y las redes sociales, individualmente y con un pronunciamiento unánime del pleno, aunque haya quien se obstinase en atribuirnos pasividad o escasa beligerancia. A eso estamos acostumbrados. Lo peleamos hasta donde nos fue posible, consiguiendo un incompleto cambio legal, y lo denunciamos hasta desgañitarnos. A pesar de lo cual, no fue posible persuadir al Gobierno de su error.

Y tal y como dijimos, agosto ha transcurrido con la pereza procesal a la que estábamos acostumbrados. Con la diferencia de que miles de abogados y procuradores hemos tenido que renunciar a nuestro descanso para estar atentos a las escasas notificaciones que nos arrojaba LexNet. La frustración ha sido doble: por un lado, porque hemos tenido que renunciar a conciliar con nuestras familias o simplemente a disfrutar de un merecido descanso, por otro, porque ni siquiera ha servido para avanzar en deshacer la montaña del trabajo acumulado. No ha tenido ninguna utilidad el marginal tráfico de notificaciones pues los juzgados apenas le han dado curso a los escritos por encontrarse la mayoría de jueces, LAJs y funcionarios de vacaciones.

El malestar compartido se ha acumulado al preexistente por las consecuencias de los tres meses en que la Justicia quedó congelada por la epidemia. Y se ha acrecentado todavía más por la comunicación oficial del Ministerio de Justicia queriendo atribuirse un éxito que las propias cifras, los abogados, los procuradores, los jueces, los LAJs y los funcionarios se han apresurado a desmentir de forma contundente.

Equivocarse forma parte de la condición humana, sea la decisión individual o colectiva. Quienes hemos gestionado instituciones lo sabemos. Y quienes llevamos algún tiempo en esto también hemos aprendido que mucho peor que equivocarse es obstinarse en el error por no saber reconocerlo a tiempo. Claro que siempre hay quien, circulando en dirección contraria, piensa que son el resto los que no saben la más elemental de las reglas de la conducción.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *